El equipo Kern Pharma pelea por el espacio y el futuro en O Gran Camiño
Ascendiendo San Vicenzo después de San Antoniño felizmente el aire pierde el bálsamo del eucalipto y ramas desnudas de robles viejos cubren la estrecha carretera la Pontevedra interior en la que, camino a A Estrada desde la mole triste cuartelaria de la marina de Marín, el ciclismo es una estampa antigua y lenta, una caravana de esforzados a la fuerza, y los soberbios del Israel, el Uno X, el Soudal y el Movistar al frente. Fuerzas que descuartizan. Esprinta Thomas Pesenti, ciclista novato del Soudal, italiano con apellido de ganador del Giro de 1992, edad de oro del fascismo negro, como Antonio Pesenti, que podría ser su bisabuelo. “Pero no soy nada de él, ni familiar ni siquiera vecino”, dice, como disculpándose de no poder protagonizar una historia de las que gustan, y también por terminar solo cuarto.