Cuando Napoleón le arrancaba los vestidos a Josefina por llevar mucho escote

He visto por fin la versión extendida del Napoleón de Ridley Scott, que suma 48 minutos extra a la película hasta las tres horas y veinticuatro minutos. Dado que en total me he pegado casi seis horas de biopic bonapartista o bonapartero espero que se me reconozca el título de grognard honorífico (así es como el corso denominaba cariñosamente, “gruñones”, a sus granaderos veteranos de la Vieja Guardia). Lo de director’s cut es muy apropiado sin duda para la escalofriante escena adicional que recrea la ejecución en la guillotina de las 16 carmelitas (14 monjas y 2 externas) conocidas como “las mártires de Compiègne”. Entre lo añadido ahora está también una colorista secuencia de la batalla de Marengo, unos planos del emperador en mangas de camisa orquestando sus campañas sobre un gran mapa de Europa en el suelo -al menos así aparece por fin España- y el atentado de la rue Saint-Nicaise, cuando en la nochebuena de 1800 un coche bomba avant la lettre explotó al paso de la carroza imperial.