Vivir no debería ser tan complicado
Buscar trabajo: está muy complicado. Montar un negocio: está muy complicado. Sacar una oposición: está muy complicado. Comprar una casa, incluso alquilar un piso decente: está muy complicado. Llenar el carrito de la compra: está muy complicado. Tener hijos y poder criarlos sin miedo al futuro: está muy complicado. Llegar a fin de mes, organizar unas vacaciones o simplemente disfrutar de pequeños lujos: todo está muy complicado. El sistema, las trabas, las exigencias… nos ahogan. Te piden experiencia sin darte una primera oportunidad, dinero cuando no tienes de dónde sacarlo, tiempo cuando estás al límite. Todo parece diseñado para que, al final, sobrevivir sea una lucha diaria. Nos dicen que no nos rindamos, que perseveremos, pero nadie habla del cansancio de luchar contra un mundo que cada día complica más lo que debería ser simple: vivir. Y entonces te das cuenta de que el problema no somos nosotros, sino lo que nos rodea. Vivir no debería ser un privilegio ni una carrera de obstáculos.