Victoria a la antigua de Juan Ayuso, tras una larga fuga y sin pinganillo
En el col de la Grande Limite, apenas cinco kilómetros al 6% azotado por el viento que desciende de cara por el valle del Ródano, Isaac del Toro, mexicano fuerte, explosión de dinamita sus piernas, acelera. A su rueda, con el látigo, pidiendo más, más, su compañero en el UAE Juan Ayuso, que, llegado su momento, y como a los artistas se lo dice su sistema nervioso, la adrenalina que le dispara, su instinto, ya, salta como proyectado por un cañón, y se va. Detrás, los que piensan en seguirle prefieren pensárselo. Las piernas les chillan, puro dolor, les dicen que no, y el oxígeno se esfuma. Regulan el paso. Piensan en organizarse para perseguirle y alcanzarle. Quedan 40 kilómetros, calculan. No se nos escapará. No es Pogacar, aunque quiera hacer las cosas como el líder de su equipo y ogro del pelotón.