Una marca en descenso
Esta vez, la víctima del bombardeo de EE UU (de quién si no) ha sido Teherán, pero se trata de una imagen repetida en los escenarios de guerra habituales. Los fotoperiodistas incurren en ella porque algo les dice, y los lectores de periódicos la miramos porque algo nos oculta. Como si cada habitación fuera una frase a medio escribir y nosotros intentáramos completarla sin conocer el idioma. Ese cuarto sin pared, por ejemplo, ¿era dormitorio o sala de estar? ¿La silla caída ha interrumpido un gesto, una conversación o un acto tan banal como el de colocarse un calcetín? Ni idea. Y nos interesa. Nos gustaría averiguar por dónde se quebraron las vidas de quienes ocupaban esos edificios cuya piel ha sido arrancada por medio de un mando a distancia con una crueldad inaudita, como el que cambia de canal, de película, de programa de entretenimiento. ¿Había algún niño haciendo una multiplicación? ¿Algún adulto friendo un huevo?