Una mafia asesina en Barcelona

La mayoría de las crónicas coinciden en el momento y el lugar: la guerra entre clanes de la mafia montenegrina empezó en 2014 como consecuencia de algo ocurrido en Valencia. Aquel año también resultó clave en esta historia por un spin off criminal. Aunque todo parece indicar que Darko Sarik residía en Colombia, no se sabe en qué país de América Latina fue identificado el “Chapo Guzmán de los Balcanes”. No tenía escapatoria. Negoció su entrega, fue extraditado, juzgado en Montenegro y Serbia, y está preso en Belgrado. Esa caída hizo que otros clanes originarios de su región pudiesen controlar sus rentabilísimas rutas. Una de las estaciones de la ruta del contrabando de los puertos de América Latina a Europa, con grandes puertas de entrada como Amberes o Róterdam, era Valencia. Allí no ocurrió nada que no revelase la obra maestra The Wire, pero con la diferencia que es real y pasa aquí. Había miembros de esas mafias que operaban desde la ciudad del Turia y también estaban los locales sobornados, desde estibadores a guardias civiles (como hace pocos meses evidenciaron varias detenciones). Quien da una versión más plausible de lo ocurrido entonces es un reportaje de OCCRP, una organización de matriz norteamericana dedicada al periodismo de investigación sobre corrupción y crimen organizado. Ese 2014 en Valencia había un almacén controlado por un grupo —los Škaljari— donde escondían kilos de droga antes de ser distribuida para que acabase en las narices de millones de personas del continente. Pero un día, desconcertados, constataron que había 200 kilos que no eran suyos y que reivindicó el grupo Kavač, originario de su misma ciudad preciosa y costera: la medieval Kotor. Se la quedaron quienes no eran sus propietarios. Empezó una guerra en Montenegro y por media Europa que aún dura. Un frente está en Barcelona.