Tomar la palabra

En una sociedad condenada a no entenderse, donde el intercambio de argumentos se ha convertido en pura demonización mutua, aparece de pronto una figura menuda que consigue emocionarnos con un lenguaje sencillo que todos reconocemos. Mariann Edgar Budde, obispa episcopalista de Washington, toma la palabra delante del hombre más poderoso del mundo para decirle directamente una verdad. No es un análisis centrado en la lógica y la evidencia, pues no se apoya solo en los hechos para demostrar, a la manera del factchecking, su correcta y científica verdad. La obispa ejemplifica algo fundamental: el valor de quien toma la palabra porque es importante hacerlo, a sabiendas de que se expone, arriesgando su persona y su posición. En el momento en que lo hace, la catedral torna en espacio ético, pero también político: al hablar, nos muestra cómo se dice la verdad, quién la escucha y cómo llega a la sociedad.