Puntadas subversivas: el bum del arte textil teje su espacio en la feria
En 1984, la historiadora Rozsika Parker publicó el ensayo La puntada subversiva, en el que reflexionaba sobre la historia social del hilo y la aguja, las únicas herramientas reservadas a la mujer en la cultura moderna occidental. Las redefinía así: “El arte del bordado ha servido para educar a la mujer según el ideal femenino (…), pero también la ha dotado de un arma de resistencia contra las restricciones de la propia feminidad”. Esta perspectiva presentaba al arte de tejer y bordar, símbolo patriarcal de la reclusión de la mujer, como un área a la que había que prestar atención desde el feminismo. También en el contexto español, donde las bordadoras han protagonizado coplas misóginas y han recibido la mirada recelosa del costumbrismo, tenemos ejemplos históricos de esta arma de doble filo. Quizá el más mitologizado sea el de Mariana Pineda, quien en 1831 había bordado —o mandado bordar— una bandera antiabsolutista, fue descubierta y luego condenada a muerte.