Perdidos en las pantallas
“Somos los primitivos de una nueva era”, dice Juan Villoro en No soy un robot (Anagrama), un ensayo que publicó el año pasado y en el que explora qué ocurre con la lectura en la sociedad digital, cómo las nuevas tecnologías han cambiado nuestro trato con la realidad, de qué manera nos pensamos y relacionamos en tiempos donde manda el móvil, qué es lo que ha ido sucediendo para que cualquier pantalla se haya convertido, al cabo, en nuestro interlocutor más frecuente. Lo que Villoro propone, con ese tono tranquilo y seductor que caracteriza su escritura, es un inquietante viaje para regresar a esa multitud de extrañezas con las que la sociedad digital nos ha familiarizado. Recuerda, por ejemplo, el desconcierto que en 1996, “en los albores de internet”, le provocaba el nuevo medio al novelista ciberpunk William Gibson. “A veces la red me recuerda a la pesca. Nunca me recuerda a la conversación”, escribió entonces.