Normalizar la pesadilla

Orientarse es tener referencias claras en el mundo, caminos por los que transitar con señales que nos proporcionan una dirección. La orientación, dice la filósofa Sara Ahmed, está ligada a la familiaridad, a sentirnos en casa en un mundo con un orden reconocible, nos permite tener metas y aspiraciones. La desorientación es lo contrario, y así estamos: desorientados. Nuestras estructuras, otrora familiares, han cambiado abruptamente. Nuestro aliado histórico se comporta como un adversario, se nos induce a dudar sobre si un saludo nazi es un saludo nazi (spoiler: lo es) y los principios democráticos fundamentales se usan como munición antidemocrática para generar confusión. Y ese es precisamente el objetivo: confundirnos.