Nicaragua amputada

Este 16 de febrero se cumplieron dos años desde aquel mediodía en que una amiga me mandó un texto que inquiría: “¿Ya te diste cuenta?”. Mi cuerpo me avisó de algo ominoso. Un golpe de adrenalina me descolocó el corazón. Del Gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua nada bueno podía esperarse desde que, en 2018, en respuesta a una rebelión popular contra su desastrosa tiranía, decidieron descabezar disidencias y oposición. Busqué en redes y noticieros. No tardé en encontrar la sentencia del juez que, sin juicio, presentación de pruebas o derecho a la defensa declaraba apátridas a 94 conciudadanos. La lista incluía mi nombre, el de mi hermano Humberto, mi hijo, Camilo, el de mi colega escritor Sergio Ramírez, así como amigos periodistas, defensores de derechos humanos, sacerdotes y prestigiosas feministas. En grandilocuentes palabras el texto anunciaba que, por los delitos de traición a la patria y menoscabo a la integridad nacional, se nos despojaba a los 94 de la nacionalidad nicaragüense. Además, se nos incautaban todos nuestros bienes inmuebles y se suspendían las pensiones de jubilación de quienes las tuviéramos.