Mazón y el gato de Schrödinger

Feb 27, 2025 - 11:00
Mazón y el gato de Schrödinger
El presidente de la Generalitat, Carlos Mazón, en la asamblea de la Asociación Valenciana de Empresarios, del pasado miércoles en Valencia.

A Carlos Mazón quizá no se le pueda explicar sin recurrir al concepto de la superposición cuántica. Existe en múltiples estados al mismo tiempo, según su dinámico y elástico relato, y su coexistencia es determinista de forma consubstancial. La realidad y su representación son un mero reparto de probabilidades cuya certeza solo alteraría su comprobación, pero mientras tanto, el presidente de los valencianos es una paradoja sujeta a interpretación, que es de lo que se trata. No se puede saber si está vivo políticamente, como él cree, o si a la vez está muerto, como lo suponen los suyos y los demás. Si estuvo, como afirmó, donde debía estar a una hora concreta, o si simultáneamente no estuvo a esa misma hora, como negó después. Ni saber si aquel fatídico 29 de octubre comió, como divulgó su entorno, en el Palau de la Generalitat, si a la par “estuvo picando” por la zona, como se comunicó después, o si, de forma sincrónica, tuvo un almuerzo repantigado con plato de cuchara en un reservado de El Ventorro. Ni si era presidente de la Generalitat mientras comía y ofrecía la dirección de la televisión autonómica a una periodista amiga o si, igualmente, era un ciudadano particular en un asunto privado o incluso orgánico, porque Mazón quería perfeccionar su oratoria. Ni si no podía recibir llamadas porque no había cobertura o si, a pesar de ello, como ha asegurado luego, mantuvo diversas conversaciones por teléfono con responsables de Emergencias, alcaldes, cargos de la Generalitat y del partido. Ni siquiera dar por hecho que tiene o no móvil propio, como defiende ahora Presidencia para evitar su geolocalización, cuando el fatídico día de su “ausencia palmaria” le dijo al alcalde de Cullera que se guardara el número desde el que le llamaba porque era el suyo personal. Ni si está “noqueado”, como lo exculpó Alberto Núñez Feijóo, o simplemente desbordado por su efervescencia y ahogado en propio su relato.

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