Más castizo ‘revival’ y activismo chulapo, por favor
Llegué a Madrid en los primeros dos mil y me quedé. Los primeros 15 años los viví entre La Latina y Lavapiés rodeada de comercios de todo pelaje: cordelerías, botonerías, corcheterías, cererías, esparterías, mercerías, ferreterías, sombrererías, lozas y cacharrerías. El alcalde del PP Alberto Ruiz Gallardón y la presidenta Esperanza Aguirre lanzaron una campaña que adornaba todas las marquesinas: “Si vienes a Madrid ya eres de Madrid”. Pensé que era una forma preciosa de recibir a los recién llegados y que hablaba de cómo nos recibían los madrileños: la identidad de Madrid no es otra que su gente compartiendo una ciudad de la que nadie se cree dueño. Más tarde supe que no iba dirigida a los ciudadanos sino a los turistas. El PP quería una ciudad diseñada para quienes la habitan dos o tres días. Hoy, después de 31 años de gobierno del PP, Madrid es menos de su gente que nunca y tal vez por eso su orgullo castizo resucita.