Los que siempre están
Esos a los que nadie conoce, de quienes nadie sabe. Esos que se dan por supuesto: porque siempre están. Esos que tienen el trabajo tan tasado que no tienen casi tiempo de publicar en sus redes, ni de compartir memes, ni de esparcir el miedo. Esos que tienen sus propios miedos y su propio nervio y que, en cambio, imponen la templanza de su oficio. Esos que suben al barco para atender a los contagiados o que repasan con un test al conjunto del pasaje. Esos que se enfundan los trajes de aislamiento y cumplen con su deber sin que nadie hable apenas de ellos.