Lo nuevo y lo de siempre
Es interesante la pregunta de por qué algo tan común como la reproducción de la especie de pronto nos resulta algo tan extraordinario. Y es que aparentemente ha comenzado a serlo. Así lo indican las cifras del marcado descenso en la natalidad. Dentro de las razones descritas se encuentran, desde luego, las económicas; hace un buen rato sabemos que la vida se volvió más costosa y que las generaciones más jóvenes no podrán acceder, por ejemplo, a la casa propia. Pero además, desde un punto de vista antropológico, en las sociedades liberales el periodo juvenil se va extendiendo. Lo que no cambia: la extensión de la adolescencia es un asunto de clase. No solo porque en las comunidades de bajos ingresos haya un menor acceso al control de la natalidad, sino porque se ha descrito que la maternidad joven puede ser considerada una vía a la adultez. Por el contrario, en capas más acomodadas las vías de realización personal se han diversificado.