Lo importante es el cenicero de Chéjov
“¿Sabe usted cómo escribo yo mis cuentos?”, le preguntó Antón Chéjov a Korolenko, un periodista y narrador de posiciones radicales. Chéjov echó entonces un vistazo a la mesa donde trabajaba y cogió el primer objeto que tenía más próximo, un cenicero. Se lo acercó y le dijo: “Si usted quiere, mañana tendrá un cuento. Se llamará El cenicero”. Korolenko contó después que en ese mismo instante le pareció que aquella pieza comenzó a experimentar una transformación mágica: “Ciertas situaciones indefinidas, aventuras que aún no habían hallado una forma concreta, estaban ya empezando a cristalizar en torno al cenicero”. La anécdota la recoge Vladímir Nabokov en su Curso de literatura rusa (RBA) y ¿qué interés puede tener contarla ahora que el mundo está a punto de venirse abajo con el nuevo inquilino de la Casa Blanca? Pues probablemente ninguno.