Las dos caras del dilema energético alemán
Jochen Winkler saluda al pasar junto a los operarios que se afanan en arreglar un pequeño desperfecto y abre las puertas del auditorio de Neckarwestheim, un pueblo a orillas del río Neckar rodeado de viñedos y tierras de labranza. “Tiene capacidad para 1.000 personas”, afirma con un punto de orgullo. El edificio, de factura moderna y casi tan largo como el campo de fútbol adyacente, desentona en una localidad de 4.200 habitantes. Tiene hasta aparcamiento subterráneo, añade Winkler, el alcalde: “Es producto de la época dorada. Esos tiempos terminaron. Ahora somos un pueblo normal”.