La pradera de San Isidro cubierta de cartones

Entre tener una casa y no tenerla, hay millones de formas inestables de vivir. Cuando hablamos de sinhogarismo pensamos en la gente que está tumbada en la calle, en la entrada de un banco, en una esquina del centro de Madrid. Asumimos que somos diferentes a ellos y que no acabaremos ahí porque somos, no sé, más listas, más rápidas, más ágiles que la precariedad. Porque creemos que sabremos anticipar la crueldad y la violencia cuando venga.