La nueva Siria se enfrenta a la ruina económica
En los primeros días tras la llegada de las milicias rebeldes sirias a Damasco para acabar con el régimen de Bachar el Asad, la capital siria parecía una ciudad fantasma: tiendas cerradas, calles desiertas, tráfico casi ausente. Pasado el susto inicial, la vida cotidiana ha recuperado rápidamente el pulso. Para los damascenos, con todo, el concepto de normalidad es particular, alejado no solo del que rige en las ciudades occidentales, sino incluso en la propia república árabe antes de que una guerra encarnizada de más de 13 años se cruzara en su camino. La destrucción de muchas infraestructuras, el efecto de un estricto régimen de sanciones internacionales —que inhibe por completo el crecimiento económico— y la hiperinflación han convertido la cotidianidad de millones de sirios en un ejercicio de supervivencia.