La lucha de un adicto por prohibir las tragaperras en los bares: “Se me va la vista y si hay una máquina la veo enseguida”
R.O, tiene 52 años y una adicción a las máquinas tragaperras. Se define como “jugador compulsivo”. Empezó a jugar con 16 y hasta los 44-45 dice que no se “descontroló”. Paralelamente, desarrolló también una adicción al alcohol: las partidas diarias iban acompañadas hasta de seis cervezas. Pidió ayuda en 2017 a un centro de adicciones de salud mental e ingresó en un centro de patología dual, en el que atienden a adictos que además tienen un trastorno mental. Le fue bien, pero recayó. “Incrementé incluso el ritmo que tenía antes”, dice. Asegura haberse gastado más de 20.000 euros.