La India y Japón en la Casa Blanca
Hagan juego, señores. La irrupción de Donald Trump en la Casa Blanca ha abierto la temporada de apuestas: quién ganará y perderá en esta etapa inédita. Sin orden ni concierto aparente, se suceden comunicados intimidantes, exigencias conminatorias, palabras que se arrojan ante los medios como bolas en la rueda de la ruleta, sin certeza de en qué casilla caerán, ¿pares o impares? Las amenazas lanzadas, ¿serán sacudidas tácticas o mamporros de largo alcance? Grandes cosas están en juego. Nos late con fuerza el corazón ante el temor a perderlo todo: lo que queda del precario orden multilateral. Sube la adrenalina de quienes esperan importantes ganancias, las Big Tech se deleitan con avidez cuando el vicepresidente J. D. Vance alecciona con ceño fruncido a Von der Leyen. Nos esforzamos por secuenciar una lógica que introduzca la razón, nos entregamos al cálculo de posibles combinaciones cuando se anuncian planes de expansión territorial. Y aunque el sentido común nos dicte que Trump no sostendrá sus envites más descabellados, no las tenemos todas con nosotros.