La herida que no se cura
De entre todas las fechas que se rememoran con más o menos solemnidad en el calendario público, se me cuela a mí todos los febreros el día del nacimiento de mi madre. Es algo tan íntimo y tan perdido en un tiempo que ni tan siquiera era el mío que me resulta asombroso traerlo hoy aquí, a estas páginas en las que seguramente se impondrá una vez más la evidencia de estos tiempos amenazantes. Espero que me comprendan. Un día de febrero me permito obviar el ruido del mundo y rebuscar entre los recuerdos de esa mujer con la que compartí pocos años de vida. ¿Qué queda en la memoria de una madre a la que no has conocido a lo largo del tiempo?