La Casa de Carlota, un lugar creativo que incluye a personas con discapacidad intelectual
Son las 15.30 de un lunes de finales de marzo y en la segunda planta de una de las partes de la modernista Casa de las Punxes, en plena avenida Diagonal de Barcelona, todos trabajan en moderado silencio. Un par de sofás, una mesita de comedor y otra larga de trabajo, las paredes —blanquísimas— con lienzos y cuadros, un par de escritorios, unas estanterías llenas de libros de arte y diseño, una cajonera para impresiones DIN A0 y, a su izquierda, un armarito con todos los premios y reconocimientos obtenidos. Estamos en La Casa de Carlota, un estudio de diseño que luce como cualquier otro. Hasta las cuatro de la tarde, cuando todo cambia. A en punto llegan Carlo Pradeiro y Andreu Companyó; a y diez Manel Palomar y David Matas. Saludan y van a la cocina, y empieza a oler a café y ya no hay silencio, y las mesas se despejan, y apagan la mitad de los portátiles y unos cuantos abandonan el estudio para ir al taller.