Iparralde: aquí se cuece la última revolución culinaria

Fuera del restaurante, las pintorescas y curvadas calles están encaladas, decoradas con adornos vascos rojos o verdes y alguna que otra pizarra anunciando gâteau Basque o piperade. Dentro, bajando por unos escalones de una cocina poco iluminada llena de tarros sin etiquetar y una panoplia de sartenes, me encuentro mirando fijamente a los ojos de un atún, tan brillante y reluciente que —pienso para mis adentros— a lo mejor sigue vivo.












