Exquisito y sin espinas en la carne: así es el gallo San Pedro, un pescado poco conocido que “está bueno de todas las maneras”
En un concurso de belleza marina el gallo San Pedro lo tendría difícil. Incluso si el premio se acotase al Mediterráneo. No tiene las curvas del salmonete ni el atractivo colorido del galán. Tampoco el saber estar del lenguado, la gracia de la sardina, la piel de una morena, el porte de una buena urta. Si el galardón se diese al mejor sabor, ay, ahí sí que hay posibilidades. Sus lomos blancos, jugosos y carnosos, tienen pocos rivales a la plancha, al horno o fritos. Si, como hacen en el restaurante Las Palmeras, en Málaga, se cocina espetado a las brasas de madera de olivo en plena playa, el primer puesto está asegurado. “Quien lo conoce, lo pide. Sin dudarlo. Está riquísimo”, certifica Enrique Murillo, propietario de este chiringuito en la playa de Pedregalejo, sobre una especie que es más bien desconocida. Y no solo para el comensal, también para la ciencia.