El mundo que nunca existió

Mar 3, 2025 - 05:00
El mundo que nunca existió

Creamos mitos porque funcionan y, sobre todo, porque la realidad siempre decepciona. Durante mucho tiempo, parte de la identidad nacional de EE UU descansó sobre una narrativa que pivotaba entre lo mesiánico y lo onírico. El gran sueño americano tradujo a palabras seculares la escatología judeocristiana, y la tierra prometida dejó de interpretarse como una Jerusalén celeste para arraigarse en el nuevo país naciente. El destino manifiesto de aquella nación, que ganaba terreno a golpe de metros de ferrocarril, postes eléctricos y casas de armazón de globo, acabó por sustanciarse en el siglo XX con Normandía como el gran hito legitimador. Nos convencieron los cromados de los cadillacs, la voz de Aretha Franklin, la seductora actitud de Kennedy o la abrumadora épica del cementerio de Arlington. Los chicos sonreían en las canchas de vóley de Santa Mónica, y las estudiantes felices balanceaban sus carpetas en los campus de la Ivy League. Hubo un tiempo en el que todos quisimos ser americanos y sucumbimos a su poder blando, gracias a las salas de cine o por culpa de las novelas de Norman Mailer.

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