El feminismo recupera impulso en Argentina tras años de ataques y repliegue

“Subite, te invito a pasarnos tres pueblos”. El cartel artesanal —letras de pintura negra sobre un cuadrado de cartón marrón— flotaba, como tantos otros, sobre la marea de cabezas que, el miércoles pasado, inundó la plaza frente al Congreso argentino bajo el grito de “ni una menos”. La invitación del cartel, sumada a una convocatoria que volvió a ser masiva, podía leerse como una reivindicación. La respuesta a un discurso que primó en los últimos años y que señala que los feminismos se excedieron en su militancia —en la jerga local, “se pasaron tres pueblos”— y alimentaron lo que vino después: una ola reaccionaria que dio marcha atrás sobre un sentido común construido y, ya con Javier Milei en el gobierno, avanzó en el desguace de las políticas destinadas a combatir la violencia machista.