El destino de un niño cubano enfermo depende de una carta de Cuba y una visa de Estados Unidos
Pasa el tiempo y Damir Ortiz, de 10 años, está cada día un poco más enfermo. Lo saben los doctores que lo atienden por la neurofibromatosis plexiforme tipo 1 (NF1) que padece, una condición neurológica genética que ha provocado la aparición de tumores en su cuerpo. Lo saben las autoridades del Ministerio de Salud Pública (MINSAP) y del Gobierno cubano, pero también los funcionarios de la Embajada de Estados Unidos en La Habana, donde el niño se presentó con su cuerpo diminuto, su ojo derecho tan hinchado que se le quiere salir del rostro y con las pocas fuerzas que le quedan. Llegó para solicitar una visa que le permita viajar para ser atendido en el Nicklaus Children’s Hospital de Miami.