El bronceado sano no existe: el sol está detrás del 90% de los cánceres de piel

Los españoles son conscientes del riesgo de tomar el sol, pero no actúan en consecuencia. Así lo refleja el Observatorio Heliocare by Cantabria Labs 2026, que, en su novena edición, evidencia una de las principales contradicciones en salud preventiva: aunque un 97% de la población sabe que la exposición solar puede provocar cáncer de piel, solo un 28% se protege cada día. El estudio, con más de 50.000 encuestados y el respaldo de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) y la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), señala que un 72% limita el uso del fotoprotector a vacaciones o actividades al aire libre; solo un 42% reaplica cada dos horas y un 39% reconoce reutilizar productos del año anterior.
Los bulos que desmonta la ciencia
- Hacer callo solar. La idea de “quemarse poco a poco” para acostumbrar la piel al sol es una de los más difundidas en redes sociales, en discursos de “negacionismo solar” como el del futbolista Marcos Llorente, que afirma que “el problema no es el sol, somos nosotros”. La dermatóloga Elena Godoy (AEDV) lo desmonta: “El bronceado es una respuesta de daño cutáneo, no una protección real, y no evita el efecto acumulativo de la radiación ultravioleta”.
- Mejor sin gafas. Evitar las gafas de sol para “activar la glándula pineal” o procesos naturales del organismo es otra ficción difundida por influencers. No existe evidencia científica que lo respalde. La protección ocular frente a la radiación ultravioleta es clave para evitar daño acumulativo en ojos y tejidos perioculares.
- Frena la vitamina D. Es otro bulo. La exposición solar ya es suficiente para niveles adecuados y, si existe déficit, la suplementación es una alternativa segura sin necesidad de aumentar dicha práctica, dicen los especialistas.
- Son disruptores. Circula la idea de que podrían alterar hormonas y relacionarse con problemas como infertilidad o alteraciones tiroideas. Estas afirmaciones se basan en estudios experimentales aislados en laboratorio o con animales, con dosis que no reflejan el uso real en humanos. La oncóloga Eva Muñoz (SEOM) subraya que no existe evidencia sólida en personas y que los filtros solares comercializados en Europa pasan controles de seguridad muy estrictos.