Dior vuelve al Palacio de Liria 65 años después, pero cambia la moda por el arte contemporáneo
Hubo un tiempo en que las colecciones de moda, como las exposiciones o los conciertos, salían de gira por el mundo. Ese tipo de turné promocional que recala en las grandes capitales para ofrecer espectáculo y hacer negocio. La conquista de nuevos territorios para las casas de costura parisienses empezó así, casi siempre con destino Estados Unidos (cuando las grandes fortunas aún se concentraban en la Costa Este), aunque ya las había con mayor amplitud de miras. A mediados de junio de 1959, la presentación de la línea Trapèze de Christian Dior —alta costura primavera/verano 1958, el debut de Yves Saint Laurent al frente de la firma— causó furor en la aperturista Unión Soviética de Nikita Jrushchov, con las modelos tomando los alrededores de la plaza Roja moscovita antes de enfilar por la pasarela instalada en el Palacio de los Soviets ante 11.000 invitados, entre la élite del Politburó y los creadores soviéticos más destacados. Cuentan los historiadores que la demanda de entradas superó las 30.000 peticiones. Poco antes, en abril, todo Madrid ya había pasado por el mismo trance: “¿Tienes entrada para el desfile del sábado en el Palacio de Liria?”, se oía con urgencia en los salones capitalinos, según recogían las crónicas de la época.