Diana Navarro: “No cambio el respeto del público por toda la fama del mundo”
Diana Navarro llega andando a la cita en el Ateneo de Madrid del bracete de su marido, Rafael Rodríguez, con el que se casó en 2018. Una pareja cualquiera paseando a la hora del aperitivo entre turistas ociosos y nativos con prisas en el atestado centro madrileño. Bueno, no exactamente. No solo porque la estoy esperando, la veo llegar de lejos. Ni alta ni baja ni llamativa ni anodina, hay algo en ella que captura la mirada sin apabullarla. Gafas de sol XL, labios rojos, melena azabache, vaqueros y camisa blanca de encaje bajo un chaquetón de pieles que parecen auténticas. Pero, sobre todo, un cierto aire clásico entre el uniforme de abrigos largos y chaquetas acolchadas sobre deportivas del paisanaje. Se lo digo, entre bromas y veras, al empezar la charla, y parece complacida.
"Hola, me llamo Diana Navarro y canto copla". Así se presentaba desde adolescente Navarro (Málaga, 46 años) con su cassette grabada en su casa en ristre, por radios, fiestas y concursos de canto de toda Andalucía y España, hasta que una discográfica le echó el ojo y ya nunca ha abandonado la escena. El lanzamiento de su canción Sola, en 2005, supuso su salto a una popularidad masiva que se ha mantenido, tamizada, durante todos estos años, gracias a un público fiel y a una voz prodigiosa que ha cultivado el flamenco y las canciones melódicas propias, además, claro, de las coplas ajenas. El próximo 6 de abril actuará en el Teatro Real de Madrid con el recital Ya no estoy sola para celebrar que sigue en la carrera, pero, ahora, felizmente acompañada.