Cuando el papa cambió la historia del urbanismo

Jun 11, 2026 - 02:01
Cuando el papa cambió la historia del urbanismo

León XIV lleva ya cinco días recorriendo España y el país entero ha aprendido, un poco sin darse cuenta, a desplazarse en diagonal. Hoy ha cruzado el mar. León XIV llega a Canarias, en la última escala de su viaje, y la isla se reorganiza para recibirlo, accesos cortados en torno a los actos, guaguas desviadas, agentes con chaleco amarillo redirigiendo el flujo peatonal hacia avenidas alternativas cuya existencia la mayoría desconocía hasta esta misma mañana, y todo el tránsito de una ciudad atlántica reconfigurado de un día para otro por la presencia de un solo hombre —un solo hombre vestido de blanco, sin coche propio, sin carné, sin la menor culpa por el atasco que provoca— que ha venido a hablar de quienes llegan por ese mismo mar en cayuco. En Barcelona y en Madrid, mientras tanto, las vallas ya se han recogido. Los conos han regresado a sus almacenes municipales, la ciudad ha recuperado su trazado de siempre, un palimpsesto urbano que se pisa sin pensar, capas y capas de calles superpuestas a lo largo de los siglos, y del paso del papa por la capital no queda más que la resaca de los operativos y alguna foto en Cibeles o en la Sagrada Familia. Porque los papas modifican el tráfico durante unos días y esas modificaciones luego se olvidan, vuelven a la nada de la que salieron y la ciudad se queda exactamente como estaba.

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