Cuando diversificar la cartera deja de estar de moda: la Bolsa se juega todo a la carta de la IA
La inteligencia artificial es la tecnología del futuro y también del presente, a la vista de la fortísima apuesta de los gigantes tecnológicos que la desarrollan y los ingentes beneficios de los fabricantes de semiconductores que la hacen posible, por no hablar de la realidad contante y sonante de su rally en Bolsa. La fiebre inversora en la IA es un arrollador antídoto ante el shock energético que acusa el mundo con el bloqueo del estrecho de Ormuz, aunque de vez en cuando surjan sobresaltos como la decepción de esta semana con los resultados de Broadcom y las ventas que ha acarreado en el sector. El sentimiento positivo de fondo se mantiene y nada ha sido capaz de frenar el rotundo ascenso bursátil de los valores tecnológicos y los semiconductores, ni la escasez del suministro de petróleo ni la posibilidad de que una energía más cara acabe trayendo tipos de interés más altos. En otros tiempos, la sola mención a subidas de tipos habría sacudido las cotizaciones de las tecnológicas: un precio del dinero más elevado implica reajustar a la baja, por el coste financiero y de oportunidad, unas valoraciones asentadas en el futuro. El reinado bursátil de la IA se mantiene firme y se prepara para acoger al que promete ser uno de sus más ilustres miembros, SpaceX.