Contra la libertad de expresión

Cuando la defensa de la libertad de expresión cae en manos de los dueños absolutos de los canales de comunicación a escala mundial, es que ha cambiado de sentido un derecho originariamente concebido para proteger a la ciudadanía del poder de los Estados y su afán controlador. Hoy es el poder quien quiere desregular las condiciones de la comunicación para fomentar la propaganda y la falsificación de la realidad deliberadamente tendenciosa con fines políticos, asociados a los intereses empresariales de quienes controlan las autopistas que impulsan la opinión y la información, verdadera o falsa, eso da igual. Hoy la desinformación militante circula por una gigantesca red de redes que llega a todos, y a todos llega de diferente forma en función del algoritmo opaco e impenetrable que nos regula a cada uno.