Colombia, más allá de víctimas y victimarios (II)
Curiosamente las letras iniciales del nombre de Abelardo y el apellido de Cepeda son el comienzo del abecedario, ABC, pero todavía no se ponen de acuerdo para encontrarse y debatir sobre el futuro de Colombia. No pueden ser inferiores a ese compromiso histórico con Colombia. De no realizarse ese debate, nos estarían demostrando su incapacidad para conducirnos por caminos democráticos y civilizados. En tal caso, como ciudadanía responsable, no tendríamos otra opción que votar en blanco, pues ello significaría que ambos candidatos han optado por ser enemigos y no adversarios. Adversarios capaces de debatir y dirimir sus diferencias con argumentos, en lugar de enemigos entrampados en el terreno de la violencia simbólica del insulto, la mentira y la calumnia, antesala de la violencia directa para “destripar” al contrario. De no realizarse debate alguno —por lo menos deberían ser dos—, nos estarían condenando como ciudadanía a elegir sin la suficiente información y el conocimiento de los argumentos de cada uno, más allá de la provocación y la manipulación emocional a la que han limitado esta campaña sus asesores de marketing electoral y miles de sus fanáticos a través de las redes sociales.