Colman Domingo, el actor de vida normal que se convirtió en extraordinaria en la madurez
Colman Domingo es un hombre normal. Tan normal que a él no le cambia la vida en galas de premios o bebiendo champán, sino en supermercados y gimnasios, sirviendo cócteles en bares y comprando mascarillas. La vida de Domingo, nacido en Filadelfia (Pensilvania, EE UU) hace 55 años, ha dado muchísimas vueltas, como la de cualquiera, antes de ser quien es hoy: uno de los actores más brillantes y versátiles de su generación, que acumula dos nominaciones seguidas al Oscar como mejor actor. Si el año pasado, nominado por Rustin, perdió contra Cillian Murphy y Oppenheimer, este año tendrá que vérselas contra Adrien Brody, Ralph Fiennes, Timothée Chalamet y Sebastian Stan; es decir, competirá contra un arquitecto, un cardenal, Bob Dylan y Donald Trump, interpretando él a un preso que da clases de teatro. No lo tiene fácil. Imposible, tampoco.