Cada vez más solteras (y más felices): “Muchos hombres no saben estar a la altura”

Mar 2, 2025 - 00:00
Cada vez más solteras (y más felices): “Muchos hombres no saben estar a la altura”

Después de morir su abuelo, Cristina bromeó con su abuela un tiempo: “Venga, abuela, búscate un novio”. Su respuesta, siempre: ”Uno tuve, harta quedé“. Dice Cristina que ya lo dice también Karol G: “Que estar soltera está de moda”. Karol G nació en 1991, la abuela de Cristina, en el 33, Cristina, en el 79. Una viuda y dos solteras en tres generaciones a través de casi seis décadas que han servido no exactamente para que estar soltera esté de moda, sino para que las mujeres, si quieren, lo estén. Y cada vez quieren estarlo más aquellas con la edad en la que la sociedad (aún) supone que no deberían estarlo: a partir de los 30.

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María García Cabrera, 38 años, dueña de la Librería Nöstlinger, en Valencia

“Si aparece un señor adulto funcional, desertor de la masculinidad hegemónica tradicional y con una responsabilidad afectiva básica con el que compartir mi vida, pues mira, genial y si no, pues también. No tengo tiempo ni ganas para hacer de madre de nadie y verme en una rutina en la que la carga mental de las cosas que hace mi pareja me coman viva por dentro”.

Esther Álamo, 44 años, cocinera, Santa Cruz de Tenerife

"El amor no debe ser una contracción de tu forma de ser y estar, debe ser una expansión de tu forma ser y estar. Las relaciones ahora me parecen más complicadas que antes, especialmente después del confinamiento, aunque creo que se juntan muchas cosas: el ajetreo de la propia vida, la precariedad de los trabajos agota la salud mental y dosificar la energía que tienes disponible para una pareja a veces es un esfuerzo, la poca salud emocional que tenemos a la hora de gestionar según qué emociones, la edad, la madurez, etc. Son muchas cosas, pero sí reconozco que el hartazgo de los tíos, tanto en lo laboral como en lo personal, viendo lo que pasa alrededor, pone muy fácil la elección de ser soltera. Tienen dos opciones: el feminismo o seguir como ofendiditos. Esto facilita mucho que cada vez los identifiquemos más rápido y tengamos muy claro que no hay por qué aguantarlo".

Cristina Consuegra, gestora cultural, malagueña y a mitad de los 40

"El año pasado conocí a un par de hombres. Hombres que venían además de un fortalecimiento intelectual, pero me di cuenta de que querían llevarme a un mundo pequeño porque ellos no saben o no pueden o no quieren llegar a nuestro mundo de conquistas y desde ahí acompañarnos. Si su bienestar implica un malestar para mí, por ahí no estoy dispuesta a pasar. He decidido que el mejor estado para mí, un estado gozoso y además de plenitud encontrada, es el de estar soltera. Aunque yo haya llegado a él de manera no deseada, me está dando un mundo nuevo del que pienso disfrutar”.

Ángela Mora, 39 años, militar, Madrid.

“Quizás sea porque trabajo con hombres en una empresa de hombres y veo el panorama: es desolador”, se ríe Ángela Mora al teléfono pero es una risa de haber pasado ya el nivel de hastío. Ella se separó hace una década, cuando su hija tenía tres años. ¿Su relación con su ex? “Estupenda”. El problema fueron los que fue encontrándose después: “Desde los que están casados y les da igual a los que te argumentan que ‘estoy con ella por los niños”. Mora habla de una responsabilidad emocional totalmente desaparecida, pero no solo eso, sino de hombres que desgastan: “Poco a poco me di cuenta de que me hacían perder el tiempo y el dinero”. Ella, militar en la Casa Real, es además masajista deportiva. Trabaja, pasa tiempo con su hija, estudia. “Te das cuenta cuando van pasando los años de que no saben qué quieren, y perdona, pero yo sí”. 

Ainhoa Reguera Plaza, 44 años, técnica de comunicación en turismo, Las Palmas de Gran Canaria

“Yo hice el proceso en 2016. No estaba con nadie, pero no quería esperar. Tenía las típicas amigas, compañeras con hijos, veía gente aguantando por mantener la familia, separaciones dramáticas o duras y yo quería tener a mi hijo pero no sentirme obligada a estar con alguien. No concibo el amor así. Pero en esto de ser madre soltera hay dos variantes: que tengas claro que es tu modelo familiar o que las circunstancias te hayan obligado aunque quisieras hacerlo en pareja. Pero en cualquier caso existe la posibilidad, que antes no. Y es una elección siempre. No fácil, eso sí, porque la sociedad no está adecuada a que una persona sola tenga hijos, necesitas más dinero y más redes y adaptar tu vida mucho más que si se hace en pareja”.

Úrsula González, 41 años, responsable de enoturismo y eventos en una bodega, Pontevedra

“A priori, diría que el feminismo no influyó en esto, pero, inconscientemente, creo que rodearme de mujeres empoderadas, cultas, independientes, con momentos buenos y momentos de mierda, pero sin dejar de creer en sí mismas o sin basar su bienestar en un hombre o relación, me ha ayudado a confiar más en mí. En otros contextos sí que siento que el feminismo me ha ayudado a abrir los ojos en cuanto a qué situación de infravaloración tenemos respecto de ellos: peores sueldos, respeto, que esperan subordinación, sometimiento y complacencia, o seguridad, como el miedo en la calle. También creo que, en general, a los hombres les cuestan las mujeres con carácter y personalidad”. 

Laura Rojas, 38 años, técnica de prevención de violencia machista, Madrid

"En el mundo LGTBIQ+ se ven similitudes con lo que pasa en el mundo hetero. Al haber sido un colectivo excluido nunca se nos permitió crear nuestras propias formas de habitar el mundo, esto implicó la ausencia de referentes de amar, de ligar, de ser. Los únicos referentes han sido las formas heterosexuales, y eso se extrapola a las formas de construir una relación, por ejemplo, cuando los roles de género colocan a la mujer de forma pasiva a la hora de ligar. Pasa mucho que se espera que alguna tome la iniciativa, entonces la soltería toma mucha vida porque nadie actúa, se está a la espera de que la otra haga algo. Esos roles heteros se reproducen e impiden que las mujeres en este caso encontremos la manera de estar con quien queremos".

Mar Fresneda, 44 años, profesora de Formación Profesional de Estética en un Instituto de Vallecas, en Madrid

Mar nació en un pueblo de Cuenca y ella y sus amigas nunca formaron parte del todo de esa estructura social de roles: “Nos hemos emborrachado como ellos, nos hemos acostado con el que nos ha parecido, la gran mayoría hemos decidido no tener hijos, tenemos trabajos más o menos que nos permiten hacer una vida decente, seguimos saliendo mucho, viajando. Y te das cuenta cuando vas cumpliendo años que a los hombres en general, eso no les gusta. Yo ahora soy mucho más exigente que antes y sé lo que quiero”.