Bad Bunny y la moda: así se lleva el reguetón hasta el lujo y la diversidad sexual
Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que las marcas de lujo no prestaban ropa a los reguetoneros. Cinco o seis años después, la campaña de Bad Bunny para Calvin Klein, lanzada en 2025, generaba 8,4 millones de dólares en valor mediático, el mismo año en que medio mundo se enteró de lo que era una pava (el gorro tradicional de los agricultores puertorriqueños) gracias, en buena parte, al traje a medida que Prada le hacía al artista para acudir a la gala del MET. Meses después, la sudadera de Zara que la marca había regalado a sus empleados, y que era un calco de la que la estrella lucía en la Super Bowl, se revendía en Vinted por más de 300 euros. Entre el ostracismo de esas estrellas de la música urbana que generan millones de escuchas pero no existían para las marcas de lujo y la aparente ubicuidad actual de muchas de ellas enfundadas en dichas firmas, está Benito Antonio Martínez Ocasio, que, como ha hecho con su música, también ha sabido convertir su estética (o, mejor dicho, sus estéticas, en plural) en mapas simbólicos desde los que exportar al mundo la cultura, la clase o incluso el género, abriendo camino al resto.

