Arquitectura de vanguardia y clásica en tiempos digitales
La arquitectura es una profesión extraordinaria. Es una de las pocas actividades del ser humano, en estos días, donde aún cabe la disidencia. Las tecnologías arrastran ese apellido constante de útiles y necesarias. En esta actividad, los paréntesis son fundamentales. Las opiniones resultan tan diferentes como los proyectos que presentan varios estudios para un mismo concurso. Desde hace una década, el software Building Information Modeling (BIM) se ha impuesto en bastantes oficinas. Es el sucesor del famoso AutoCAD. Un programa de dibujo. En estudios como Carlos Lamela resulta básico manejarlo para cualquier joven arquitecto. Una prestigiosa profesional, que pide no ser citada, lo define así: “Se utiliza para crear y administrar datos durante el proceso de diseño, construcción y puesta en marcha”. Por ejemplo, en una línea trazada con este programa, aparece el material, sus características y las condiciones de la colocación. “Integra datos multidisciplinares con el fin de crear representaciones digitales detalladas que se administran en una plataforma abierta en la nube con el fin de permitir la colaboración en tiempo real”, añade.
Tecnología en los cimientos
Tiempos de siglas. BIM e IA. La inteligencia artificial, explica Hugo Berenguer, socio y consejero delegado de Rafael de La-Hoz Arquitectura, puede resolver problemas rutinarios, como aportar opciones de distribución de una vivienda, redactar memorias e incluso es capaz de aprender “cuál es tu proceso de diseño”. Algo así como de qué forma dibujas. La IA facilita la toma de decisiones y eso significa ser más eficientes. A su lado, el BIM. “Es una herramienta muy potente porque te permite tener un control técnico del proyecto muy alto, aunque exige una capacitación bastante elevada en los usuarios y los plazos del desarrollo de las iniciativas son, a mi juicio, más largos”, zanja. El futuro lleva nombre de mujer: BIMIA.