Anfitriones enemigos
Durante décadas, el fútbol fue el único sitio en el que derrotábamos a Estados Unidos. El desinterés de nuestros vecinos por ese deporte era tan grande que preferían jugar de visitantes: en enero de 1954 los dos partidos de eliminatoria para el Mundial de Suiza se celebraron en México con goleadas de 4-0 y 3-1, festejadas como si se hubiera recuperado Texas.
