¿A dónde va Puigdemont?
Carles Puigdemont ha querido demostrar que tiene a Pedro Sánchez, y con él a toda la política española, en un puño. Pero es una jugada arriesgada, porque puede encontrarse con que, al cerrar el puño, dentro no haya nada. Su relación con la polítoca es tormentosa, narcisista e imprevisible. Como Trump, con el que tiene más en común de lo que pudiera parecer. Está demostrando una idea de las relaciones políticas basadas no en la confianza, el respeto por las leyes y la lealtad institucional, sino en la fuerza, incluido el chantaje, y en el recurso permanente a la argucia y la teatralización para colocarse en el centro del tablero.